domingo, 23 de abril de 2017

Nuestra hija bilingüe


Todos y todas queremos hijos bilingües, ¿verdad? Queremos que tengan más oportunidades en el futuro, que tengan una vida más cómoda, que puedan elegir hacer lo que les guste... y sabemos que conocer más idiomas nos da más posibilidades. 

El inglés siempre ha sido una de mis aficiones; me encanta aprender lenguas y mejorar el uso que hago de ellas. Empecé a aprender inglés en 5º o 6º de EGB, como muchos de vosotros: los colores, los números... ya sabes. Sin embargo, antes de eso había adquirido el hábito de coger las letras de los vinilos de rock de la increíble selección que mi padre todavía conserva en casa, mientras los escuchaba en el tocadiscos. No sabía una sola palabra de inglés, pero me aprendía los sonidos de las canciones (o eso intentaba) mirando esas palabras que no me cuadraban de ninguna manera. Recuerdo sentir muchísima curiosidad por saber cómo funcionaba esa lengua misteriosa en la que cantaban prácticamente todos los grupos que conocía. También recuerdo sentir mucha frustración cuando, al empezar a estudiar inglés en el colegio, vi que no me estaban dando más herramientas para comprender cómo funciona el idioma. A esa frustración hay que añadir el vértigo que se siente al comenzar un nuevo aprendizaje y ver todo lo que queda por aprender, que en el caso de las lenguas es un largo camino. 

Lo que no sabía, y tardaría muchos años en ver, es que todas las horas que había pasado frente al equipo de música, escuchando e intentando descifrar la relación entre sonidos y grafías, tendrían su recompensa en el futuro. Atribuyo a ese trabajo voluntario, y a la curiosidad que sentía, la facilidad que tuve para aprender inglés durante toda mi educación formal. Nunca fui a ninguna academia ni a clases extra, ni lo necesité.

Cuando íbamos a tener nuestra primera hija, ya era maestro de inglés, había trabajado en Estados Unidos durante tres meses gracias a un programa de intercambio y, lo más importante, conocía a un maestro de inglés que ya estaba criando su primer hijo bilingüe. Fueron su pareja y él, ahora amigos míos, quienes despejaron mi dudas, contándome cómo estaban alucinando con el proceso. 

Bien, ya habíamos tomado la decisión en casa. Nuestra hija crecería escuchando inglés aunque la lengua de la casa era el español. El papá se comprometía a ponerse las pilas y armarse de valor para acostumbrarse a algo tan poco natural como hablar a una hija en una lengua distinta de la materna. La mamá se comprometía a apoyar el proceso facilitando que todos los contenidos de entretenimiento infantil estuviesen en inglés (televisión, vídeos, juegos... según la edad). Sus abuelos y su tío se sumaron al compromiso. Todos y todas en la familia estamos de acuerdo en dos cosas:

1. Puede llegar a ser duro y agotador, pero
2. merece mucho la pena. 

Nuestra hija pronto nos encantó con su vocabulario bilingüe. Algunos amigos de la familia se equivocaban pensando que yo, que soy maestro de inglés, le enseñaba ese nuevo vocabulario. Qué va. El motivo de nuestra sorpresa era, precisamente, que ella aprendía con total naturalidad nuevas palabras y expresiones de los dibujos animados que veía en versión original. Es cierto que gradualmente me fui acostumbrando a cantarle, a contarle cuentos en inglés y a hablarle en ocasiones, y eso aceleró su aprendizaje (sobre todo en lo que respecta a la producción); pero estamos convencidos de que son las horas de exposición a la lengua, hablada por nativos (televisión y vídeos), el factor clave en la adquisición de la lengua. Yo hablo un inglés fluido y tengo un certificado de nivel C2, pero no soy nativo y nunca lo seré. Solo me podría equiparar si me fuese a vivir a un país angloparlante unos (bastantes) años y, aún así, no sería lo mismo. Además, no tengo el tiempo ni la energía para proporcionar horas diarias de inglés oral a mis hijos. Pero tenemos herramientas muy potentes. Nos quejamos de que nuestros hijos e hijas ven más televisión o vídeos de lo que se recomienda. Pues bien, al menos deberíamos sacar partido de ello. 

¿Qué dificultades puede encontrar una familia que intente que sus hijos e hijas aprendan inglés con televisión y vídeos?

En primer lugar, que la familia no sea constante y solo se vea la versión original de vez en cuando. No funcionará, porque el niño o la niña pronto dejará claro que, pudiendo elegir, prefiere entender más (o sea, ver la versión doblada a su lengua materna). Quienes hemos visto mucho contenido en versión original sabemos que, aunque España tiene una industria de doblaje excelente en comparación con otros países, el resultado es una pérdida de calidad muy grande. Esto se nota mucho más en las producciones con actores y actrices, pero también en los contenidos de animación. Mi hija, con apenas dos años, me dijo que Dora (sí, la exploradora) no hablaba bien, un día que vio un capítulo en la versión doblada de Televisión Española. Por otro lado, es imprescindible empezar cuando son muy pequeños, porque de no ser así nos dirán que no entienden nada y no querrán ver la versión original. Piensa que, cuando son pequeños, tampoco entienden casi nada de su lengua materna. Van adquiriendo el idioma poco a poco. Eso es lo que pretendemos hacer con el inglés, aunque lleve más tiempo. En nuestra región, recientemente se ha aprobado un decreto que elimina la lengua inglesa del primer curso del segundo ciclo de educación infantil (los niños y niñas de tres años), cuando sabemos que habría que hacer lo contrario, aumentar la exposición en los primeros años.

En segundo lugar, puede que, si en la familia nadie habla inglés con cierta fluidez, el niño o la niña no produzca palabra alguna y los padres se desanimen, pensando que el esfuerzo de poner todos los vídeos en inglés no sirve de nada. Esto sería un grave error. Si el hijo o la hija se da cuenta de que su familia no entiende el inglés, lógicamente no se esforzará en hablarlo, pero eso no significa que no esté aprendiendo. Ten en cuenta que esto va a llevar mucho tiempo. Fíjate en cómo aprenden su lengua materna, desde que nacen hasta que empiezan a usarla con cierta eficacia a los dos, tres o cuatro años. Y eso escuchando la lengua horas y horas al día. Con una segunda (o tercera) lengua, el proceso será más lento. Es normal.

Hace unos años tuve la suerte de trabajar en un colegio público en el que apenas un 20% del alumnado dominaba el español. La mayoría tenía el inglés como lengua materna o era lo suficientemente competente para comunicarse, relacionarse socialmente y jugar con sus compañeros en el patio. Un buen día, conocí a cierta niña de siete años. Por sus rasgos y su acento (y mis prejuicios) pensé que sería otra niña británica, como la mayoría, y empecé a hablar con ella en el patio. Cuando algo dejó de cuadrar, le pregunté de dónde era; era holandesa, y llevaba poco tiempo en contacto con niños y niñas de habla inglesa. "¿Cómo has aprendido a hablar inglés tan bien?", le dije. "No sé, jugando", respondió. Como no me lo creí del todo, seguí hablando con otros niños y niñas en aquellos patios tan diversos. Enseguida di con una niña brillante, de ocho o nueve años (un sol de niña). Al hacerle la misma pregunta, respondió "No sé, en Islandia muchas cosas de la tele están solo en inglés". Me di cuenta de que para muchas niñas y niños el inglés es tremendamente fácil de entender y, con el tiempo, también de usar, por el simple hecho de que la mayoría de los contenidos infantiles disponibles, audiovisuales o interactivos, están en ese idioma.

Lo que se dice...

- Probablemente, habrás oído cosas como que el bilingüismo confunde a los niños pequeños. Nuestra hija mezclaba el inglés y el español de una manera increíble, sobre todo al principio. En la guardería, las educadoras nos decían que muchas veces no la entendían. Sus abuelos aprendieron bastantes términos en inglés gracias a ella, porque sus primeras palabras eran 40% en inglés y 60% en español, aproximadamente. Una experiencia muy enriquecedora para todos. No podemos decir que las mezclas y confusiones de una lengua con la otra hayan producido ningún tipo de problema para ella. De hecho, a sus cinco años sigue mezclando o haciendo transferencias incorrectas (por ejemplo, una frase hecha traducida palabra por palabra, como "Papá, te voy a perder" - I'm going to miss you - en lugar de "Papá, te voy a echar de menos", que me dijo cuando tenía tres años, y decenas de ejemplos que podría contarte).

- He oído también que el bilingüismo supone retos demasiado difíciles para los pequeños y es mejor evitarlo en la primera infancia. Nunca he visto a nuestra hija sufrir por la dificultad de aprender dos lenguas a la vez. Al contrario, veo que disfruta. Además, hay evidencias de que las altas expectativas hacia los niños y las niñas son una de las claves para su éxito educativo. En nuestro caso, la niña ha superado con creces esas altas expectativas, sin tener habilidades especiales en comparación con personas de su edad y de su entorno, ni altas capacidades, ni nada por el estilo.

- La mayoría de las personas que conozco piensa que una persona bilingüe es quien domina dos idiomas por igual, cuando hace tiempo que se define el bilingüismo como el conocimiento que se tiene de (o la capacidad de comunicarse en) dos lenguas, por muy desigual que sea la competencia que se tiene en una y en otra.

Lo que sabemos... (enlace a la fuente)

- Los niños y las niñas que crecen aprendiendo varias lenguas utilizan recursos cognitivos más allá de los que se requiere para hablar una sola.

- Las niñas y los niños bilingües superan a los monolingües en tareas que implican la función ejecutiva, es decir, habilidades relacionadas con el control de la atención, el razonamiento y la resolución flexible de problemas.

- Cada vez hay más evidencias que sugieren que el bilingüismo, a lo largo de la vida, beneficia el funcionamiento y la conservación del cerebro, retrasando la demencia, entre otras ventajas.

- Se dice que un niño o una niña puede ser bilingüe cuando en casa se habla una lengua distinta de la lengua dominante en su comunidad, o bien cuando asiste a una escuela donde hay un programa de inmersión en una lengua distinta a la lengua dominante y/o a la lengua que se habla en casa.

Analicemos estos dos casos:

1) En casa se habla una lengua distinta de la lengua dominante en el entorno. Si no hablamos esa lengua, pero hay exposición (televisión, vídeos...), el niño o la niña llegará a comprender la lengua y, en el futuro, podrá usarla con facilidad. No debemos desesperarnos si "parece" que no aprende nada. Tengamos paciencia. Si por el contrario la hablamos con fluidez, veremos la maravilla que es el cerebro humano, y cómo aprenden sin esfuerzo (aunque no sin confusión ni mezclas, como te decía) y nos enseñan cosas que aprenden de la televisión o vídeos originales y que nosotros no sabíamos. Es una experiencia muy bonita.

2) La niña o el niño asiste a una escuela donde hay un programa de inmersión en una lengua distinta a la lengua dominante del entorno. Tengo la suerte de vivir en una región donde hay una lengua oficial aparte del español, pero tengo la mala suerte de vivir en un municipio donde la tradición castellana ha dejado esa lengua en un segundo (más bien tercer) plano. Ojalá se compense esa desigualdad, o es probable que termine llevando mis hijos a una escuela del pueblo vecino, donde hay programas lingüísticos con muchas horas vehiculadas en la lengua minorizada. Dejemos a un lado la política y los prejuicios, las tradiciones y las ideologías. Tenemos la suerte de contar con tres lenguas en los centros educativos de nuestra región (español, inglés y valenciano - que es la misma lengua que el catalán por mucho debate que algunos quieran crear, y nos debe importar bien poco si una es dialecto de la otra o si es al revés).

El resultado a los cinco años.

Cumplidos sus cinco años, nuestra hija es capaz de comprender el inglés y de comunicarse como una niña nativa de un año o año y medio menos, aunque no sin cometer errores y no sin dificultad. Puede entender y hacerse entender en la mayoría de los contextos. Lo que me empujó a escribir esta entrada fue una experiencia que tuvimos la semana pasada, de vacaciones en la costa. Estábamos tomando algo en una cafetería en la playa mientras ella jugaba en el parque de al lado. Siempre ha sido muy sociable y no le cuesta hacer amigos si las otras personas son amigables también, así que no nos extrañó verla jugar con otras dos niñas. Cuando nos íbamos, le dijimos que se despidiese de sus nuevas amigas, y les dijo, exactamente, "I have to go now, maybe I'll see you some other day" (Me tengo que ir ya, a lo mejor nos vemos otro día). Fue la primera vez que la vimos usar el inglés en una situación real, cosa que nos llenó de orgullo y me hizo apuntar en mi agenda "Escribir entrada sobre bilingüismo". Cuando le preguntamos sobre la experiencia, nos respondió con total naturalidad "Es que yo les hablaba y entonces me di cuenta de que no entendían español". 

Conclusiones

Piensa en el dineral que os vais a ahorrar en clases extraescolares, academias y otras cosas si vuestros hijos e hijas ven el inglés como una herramienta para comunicarse, y no como un misterioso código que solo existe en el colegio y que no sirve para nada.

Debes saber que en Internet hay millones de vídeos en los que podemos ver personas nativas hablando inglés, o personajes de animación usando ese lenguaje nativo y esas expresiones que a la mayoría de nosotros no se nos ocurren o ni siquiera conocemos, pero que son de uso cotidiano para ellos. Usa tu buscador favorito y encontrarás páginas web que recopilan canales de Youtube en los que los más pequeños podrán tener contenidos originales y gratuitos de calidad para aprender inglés. Es más, desde que llegó el TDT a nuestras casas, todas las familias tenemos la posibilidad de cambiar a la versión original con solo pulsar un botón (o dos o tres, según marcas y fabricantes). Para ir sobre seguro, puedes incluso configurar tu televisor para que el idioma por defecto del audio sea el inglés; de ese modo, no tienes que "acordarte" de cambiar a inglés, sino que tendrás que cambiar a español cuando "los mayores" queráis ver una serie o una película doblada.


Si un miembro de la familia habla inglés con fluidez, puede decidir hablar al pequeño o a la pequeña en inglés. Cuanto más lo haga (más frecuencia, más contextos...), mayor será la probabilidad de que el niño o la niña empiece a hablarle pronto en inglés. De pequeños, nos motiva hablar porque nos sirve para comunicarnos. Nada incomoda más a nuestra hija que cuando alguien le dice "¡Ah! ¿Sabes inglés? A ver, di algo". Los niños saben que las lenguas sirven para comunicarse, no para hacer exhibiciones. Menos aún cuando vivimos en un país donde saber inglés se ve como algo casi extraño y parece que mucha gente no se toma el asunto en serio.

Es cierto que nuestra hija tardó más en hablar que otros niños de su edad. Su cerebro estaba tratando de organizarse. Cuando empezó a hablar de forma eficaz, a los dos años y medio o tres, vimos sorprendidos cómo de forma natural elegía las palabras más sencillas de pronunciar: ¿Por qué decir "arroz" pudiendo decir "rice"? ¿Por qué decir "cremallera" pudiendo decir "zip"? ¿Por qué decir "otra vez" pudiendo decir "again"? (estas dos últimas son de nuestro hijo de dos años). Y al contrario, ¿por qué decir "water" pudiendo decir "agua", o "bread", pudiendo decir "pan"? El mejor momento para empezar a aprender idiomas es en los primeros años, porque están dedicados a ello casi en exclusiva. Son especialistas en aprender lenguas.

Tanto si alguien en la familia tiene un alto nivel de inglés como si no, podemos dar a nuestros hijos e hijas las herramientas para comprender y poder usar de forma efectiva la lengua en el futuro. Aunque mi hija ya es capaz de desenvolverse, mi objetivo en realidad era, y sigue siendo, que de mayor pueda comunicarse de forma efectiva, ya que eso le dará muchas oportunidades y más libertad para hacer con su vida lo que realmente quiera. Así que no hay que agobiarse ni pretender que con tres años sepan esto o aquello, sino conseguir normalizar la exposición a la lengua que se necesita para adquirir, primero, la comprensión y los esquemas fonéticos y estructurales. El resto, ya llegará.


Dedicado a Dani, a Ruth y a Fran. 
A mi mujer, a mi hermano y a mis padres.


[Imagen: Pixabay]