jueves, 31 de diciembre de 2015

¿Qué se necesita para mejorar la educación?

Si al oir esta pregunta sientes que se trata de algo difuso, muy complejo, difícil, que depende del gobierno o que no es cosa tuya, entonces me dirijo a ti.

Los cambios pequeños pueden suponer una gran diferencia


Los pequeños cambios pueden suponer una gran diferencia. 

Como maestro de primaria, siempre quise innovar y no supe cómo hacerlo hasta hace unos meses. Con esto no quiero decir que ahora sea un supermaestro, sino que se puede cambiar lo suficiente, en poco tiempo, para comprobar cómo mejora nuestro trabajo. Se trata de replantear nuestra forma de proceder para intentar dar a nuestros alumnos lo que necesitan para poder aprender. 

He de decir que el motor del cambio no es una ley de educación, ni un método, ni un proyecto muy innovador, ni la incorporación de las tecnologías en las aulas. El cambio educativo es posible y comienza gracias a personas que dedican parte de su tiempo a intentar despertar a otros, sean padres o docentes. Una vez, tuve un maestro que nos dijo que si en los tres años que estaba con nosotros conseguía cambiar a uno de nosotros para siempre, entonces su trabajo habría valido la pena. Éramos  32 alumnos. Aquello me hizo pensar y, hace unos meses, lo volví a vivir durante una formación para docentes.

Hace poco dije que para mí innovar en educación significa, sobre todo, dejar de hacer aquello que genera fracaso. Esto me recuerda, y seguiré insistiendo en ello en el futuro, que todo lo innovador que aplicamos hoy, a excepción de las tecnologías, fue estudiado y aplicado con éxito hace muchos años (Vigotsky, Montessori, Freire...). Es en este punto, cuando nos damos cuenta de que innovar es tener en cuenta las evidencias científicas, cuando me pregunto si es adecuado hablar de innovación. Yo preferiría hablar de rigor científico. ¿Por qué en cuestiones pedagógicas no se aplica los conocimientos que la comunidad científica internacional ha ido recopilando? ¿Acaso la educación es menos seria que la medicina o la arquitectura?

Volviendo a lo concreto: ¿dónde empieza el cambio? Está claro: lo empiezas tú.

Primero, debes dar con la mejor forma de formarte. Para unos será Facebook, para otros (como yo) será Twitter, para otros será mejor suscribirse a determinadas páginas web o seguir algún blog. ¿No eres muy amigo de Internet? Entonces debes cambiar ese aspecto primero, porque la red es el gran cambio que permite que, en el siglo XXI, todos tengamos la posibilidad de acceder a la misma información.

Quizá te preguntas cómo usar las redes sociales para formarte. Te sorprenderás cuando veas que, siguiendo a una persona, pronto sabrás a qué otras personas quieres seguir. Esto es lo que me pasó a mí hace poco y, de hecho, te animo a ponerte en contacto conmigo si quieres alguna recomendación.

El siguiente paso, si eres docente, es ponerse a trabajar. En el poco tiempo que llevo trabajando de forma distinta a la convencional, puedo decir que la clave es, aparte de la formación, cuestionar las prácticas tradicionales, usar el sentido común, el espíritu crítico y, con todo ello, ayudar a los jóvenes para que aprendan a convivir y a pensar.

¿No te dedicas a la enseñanza? Infórmate, mejora la educación de tus hijos y ayuda a otros padres o maestros a descubrir que sí se puede cambiar la educación. En el momento en que abras los ojos verás que al cambiar podrás equivocarte pero, si no cambias, entonces nunca dejarás de cometer los mismos errores sin posibilidad de mejorar. Albert Einstein dijo que sería estúpido hacer lo mismo de siempre y esperar resultados distintos. Tiene sentido, ¿no?

Como padre, sólo puedo decir que haré todo lo posible para que mis hijos tengan maestros que les ayuden a aprender a convivir y a pensar. De hecho, he comenzado este blog porque entiendo que la inteligencia es colectiva y el conocimiento se construye entre todos los miembros de la comunidad. Si todos compartimos lo que sabemos, todos nos enriquecemos. Hay un proverbio africano que dice que hace falta todo un pueblo para educar a un niño. Y hay una palabra, ubuntu.

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