sábado, 26 de marzo de 2016

10 razones para seguir enseñando de la manera tradicional



Si nos paramos a reflexionar, estamos siendo un poco alarmistas con eso de que hay que mejorar la educación, ¿verdad? La forma tradicional de enfocar la educación obligatoria es muy válida, ¿no?

Vamos a compartir 10 motivos para seguir con el modelo tradicional de enseñanza:

1. Los alumnos deben aprender desde pequeños que hay personas con poder a las que obedecer sin cuestionar lo que se les diga.

2. La sociedad apenas ha cambiado en los últimos siglos, por lo que sigue siendo apropiado enseñar a todos lo mismo, al mismo tiempo. El que no consiga los objetivos, quedará atrás y en el futuro será excluido socialmente. Eso es así, no se puede cambiar.

3. Los alumnos son recipientes que los docentes hemos de llenar con contenidos, nada más. Nosotros explicamos, ellos escuchan, aprenden y no olvidan.

4. Hoy en día, no hay casi problemas de convivencia en los centros de primaria y secundaria. No hay necesidad de trabajar ese aspecto.

5. Es muy importante seguir el libro de texto, porque ha sido elaborado por personas que saben lo que necesitan nuestros alumnos. Además, el mismo libro es adecuado para casi todos los niños de España. Hay que hacer todas las actividades. Las que no dé tiempo a hacer, deben hacerlas en casa. Los niños que no las hagan tienen que ser penalizados públicamente.

6. Es conveniente para el futuro de estos niños que se acostumbren a competir y a ser etiquetados y evaluados con notas numéricas casi semanalmente. Así, los que tengan bajos resultados sabrán que nunca llegarán lejos.

7. El trabajo individual debe ser la base del aprendizaje. Así, cada uno aprende en función de sus capacidades. La solidaridad está sobrevalorada.

8. La escuela no tiene por qué ser divertida o motivadora. Los alumnos aprenderán más si les explicamos más conceptos y les hacemos memorizar más contenidos. Cuanto más, mejor.

9. Con los libros de texto y deberes diarios, conseguiremos que aprendan cosas útiles que sabrán aplicar en la vida real.

10. Esta manera tradicional de enseñar da buenos resultados y por ello está respaldada por la comunidad científica internacional.

Como conclusión, quiero decirte dos cosas. Una, que espero que nadie se sienta atacado por este texto. Como siempre, sólo busco provocar inquietud y contribuir a que seamos más los que intentamos cambiar lo que no funciona. La otra cosa, que no me siento cómodo escribiendo la típica entrada con una lista de "10 motivos... ". No creo que lo vuelva a hacer, pero ojalá sirva para llegar a más personas.

¿Ninguno de estos motivos te convence? Me alegra saberlo. A mí, tampoco.


sábado, 12 de marzo de 2016

El maestro que tiene sus dudas

EL MAESTRO Y SUS DUDAS

El otro día, oí a una maestra decir que tiene sus dudas sobre si cierta actuación educativa de éxito funcionaría en su clase. En primer lugar, debo agradecerle que compartiera ese pensamiento, porque me hizo darme cuenta de algo. Movido por el entusiasmo de haber encontrado el camino para mejorar mi trabajo, me veo en un punto en que parece lejano el momento en que yo tenía las mismas dudas o incluso más. De eso no hace ni un año. 

Si alguna vez te ha parecido que pretendo hablarte como experto en innovación, que quede claro que estoy lejos de serlo. Es la emoción lo que hace que muchos maestros insistamos en animar a otros a cambiar. En realidad, la mayoría de los maestros que abandonamos los modelos tradicionales de educación asumimos con avidez que nos queda tanto por mejorar que siempre seremos aprendices. Y es una sensación reconfortante, no incómoda. 

Quiero que experimentes lo que estoy viviendo en mi trabajo. A mí me recuerda a cuando, de niños, jugábamos en la montaña a saltar agujeros o pequeños barrancos. Cuando había uno que parecía demasiado grande, podía estar largos minutos dudando. Si me decidía a saltar, lo hacía con todas mis fuerzas y, una vez al otro lado, ocurrían dos cosas. Primero, sentía una increíble emoción. Después, la necesidad de convencer a los otros de que era posible. Quería que sintieran lo que yo. 

Nunca salté al vacío. Nunca elegí un salto claramente imposible. Lógico, ¿verdad? En nuestro trabajo, tampoco debemos cambiar por cambiar, hacia cualquier ocurrencia que tengamos o que tengan otros. Cuando saltaba aquel cortado, sabía muy bien dónde quería aterrizar. Ese objetivo es ahora el aumento de la eficiencia y la equidad en el aprendizaje de nuestros alumnos. 

Además, aunque no lo sabía, basaba mis cálculos en las leyes de la física, que los niños aprenden jugando. Del mismo modo, los profesionales de la enseñanza debemos basarnos en evidencias científicas y en actuaciones respaldadas por la comunidad científica internacional

Piénsalo. Tenemos un trabajo muy especial. Si no te supone un reto, si no te emociona, ¿no merece la pena saltar?



Imagen: Flickr.com