domingo, 28 de febrero de 2016

¿Por qué tienes un blog?

por que un blog

Este blog existe porque existen muchos otros. Como te dije hace poco, fueron otros docentes los que me hicieron abrir los ojos y comenzar a formarme en serio. Creo que gran parte de la formación que se hace acaba sirviendo de muy poco o de nada. Tenemos que cambiar eso.

Cuando empecé a usar las redes sociales para aprender y mejorar, descubrí blogs increíbles que me hacen pensar y reflexionar, cambiar, soñar, probar, rectificar y modificar, investigar y, sobre todo, disfrutar. Sin embargo, tras conocer varios blogs sobre educación, me planteé si serían de ayuda para las familias de mis alumnos, para los maestros que conozco, para la comunidad educativa de mi entorno. Cuanto más me planteaba esta cuestión, más necesidad tenía de comunicar cosas concretas a esas personas más o menos cercanas. Ojalá lo que escribo sirva a mucha gente, pero es cierto que empecé a escribir para las familias y los maestros que conozco.

El caso es que uno se puede perder un poco en la red. Muchos blogs son sobre crianza y se centran en la familia, otros tantos son para docentes y se centran en su labor. Es cierto que algún autor (por ejemplo, ¿cuál?) consigue acercar a familias y escuelas con una habilidad increíble. Algún otro (¿como quién?) nos inspira y nos hace replantearnos lo que antes dábamos por sentado. Hay muchas personas que seguir en la red, pero tenemos que ser más. Hay mucho que compartir.

Este es mi blog, por eso lleva mi nombre. Son mis valoraciones, que pueden ser más o menos acertadas. Es mi cuaderno, donde apunto lo que quiero contarte. Lo importante es que puede servir para decir a la comunidad educativa que sí se puede cambiar. Ese cambio está ocurriendo, y los que lo vemos sabemos que son las pequeñas cosas las que marcarán la diferencia.

¿Estás llevando a cabo cambios y crees que pueden servir de ayuda a otros? ¡Cuéntalo! ¿Has dado con información relevante que te ha roto los esquemas? ¡Compártela! Busca lugares, grupos, foros, no importa en qué plataforma o red social. Como te decía el otro día, y no es ocurrencia mía, la inteligencia es colectiva y entre todos construimos conocimiento y creamos sentido.



Imagen: Pixabay

viernes, 12 de febrero de 2016

¿Por qué no sabemos inglés en España?

POR QUE NO SABEMOS INGLES


España es uno de esos países en los que a la gente le da vergüenza hablar en inglés. No queremos equivocarnos, decimos. Como si en nuestra lengua materna no cometiésemos incorrecciones. Es más; todos decimos que de los errores se aprende, pero nos negamos a propiciar esa situación de aprendizaje. No sabemos inglés porque nunca lo hemos practicado lo suficiente, ni mucho menos. 

Al estudiar lingüística vemos que, efectivamente, el momento idóneo para empezar a adquirir otras lenguas es el período comprendido entre los 0 y los 3 años, aproximadamente. Vaya, qué extraño, justo cuando estamos aprendiendo nuestra lengua materna. Será casualidad. Luego, de los 3 a los 6 años (siempre aproximadamente), se puede dar también la adquisición de la segunda lengua con alta probabilidad de éxito; es el segundo tren, si no hemos cogido el primero. Más tarde, entre los 6 y los 12, el proceso no sería tan fácil ni natural. De hecho, seguramente no veríamos adquisición, sino aprendizaje. De los 12 a los 21, cuesta aprender idiomas si no hemos empezado antes y, como sabéis, a los adultos que solo dominan una lengua les resulta una verdadera odisea iniciarse con una nueva. 

Los docentes especializados en lengua extranjera sabemos esto y, sin embargo, cuando tenemos hijos no hacemos mucho por darles ese regalo para el cerebro que es el bilingüismo. Conozco personas que sí ponen en práctica lo que saben, pero la mayoría (la gran mayoría) parecen "no creer" las evidencias que la ciencia nos da. 

Partimos del hecho de que en la educación obligatoria no nos enseñan a entender ni a usar la lengua inglesa. Estamos mejorando lentamente, pero esta sigue siendo la triste realidad. Al llegar a la universidad, muchos estudiamos para convertirnos en docentes especializados en lengua extranjera. Al finalizar los estudios, nos quejamos de que en la facultad no nos han enseñado a ser expertos en dicha lengua, a pesar de que sabemos que hace falta mucho más que cuatro años de carrera para dominar una lengua. No vamos a debatir sobre cuál sería el plan de estudios ideal, pero quizá estaría bien realizar un año de carrera completo en un país donde el inglés sea lengua oficial. 

Comenzamos a trabajar en la enseñanza del inglés sin estar mínimamente preparados. Se cierra el ciclo: alguno de nuestros alumnos se podría convertir en un mediocre especialista de inglés, en el futuro. ¿Podemos esperar que nuestros alumnos aprendan a comunicarse? En la mayoría de colegios, ni siquiera se trabaja a nivel oral, cuando sabemos que es lo primero que hay que afianzar y lo más importante para dominar una lengua. Las lenguas, por encima de todo, se hablan. 

¿Qué podemos hacer los docentes? 

En primer lugar, formarnos. Es imprescindible que cada año podamos decir que hemos mejorado. El problema es que para un adulto va a llevar muchas horas conseguir esa mejora. ¿Hay otro camino?  Sí, dejar la especialidad a otros con más tiempo, con más preparación o con más entusiasmo. Conseguir un puesto en infantil o primaria y hacer un trabajo excelente. ¿Por qué no? Lo importante es contribuir a mejorar la educación. ¿No? 

En segundo lugar, usar la gran cantidad de recursos que hay disponibles en la sociedad de la información, en el siglo XXI. Los alumnos necesitan horas de exposición a la lengua extranjera, en cantidad y con modelos de lengua reales. Nuestro trabajo es seleccionar el material y programar las actividades que les puedan motivar, interesar, emocionar... Esto lo podemos hacer desde hoy mismo; solo hay que tomar la decisión y comenzar con muchas ganas. 

¿Y como padres? 

Hace unos años tuve la suerte de trabajar en un colegio con un altísimo porcentaje de familias extranjeras. Además, la gran mayoría procedía del Reino Unido. Pues bien, en la gran diversidad cultural que tuve el privilegio de conocer, pude comprobar que muchos niños (rumanos, rusos, islandeses, polacos, holandeses, finlandeses y otros) eran perfectamente capaces de comunicarse en inglés desde los 7, 8 o 9 años. Sus padres no les habían enseñado, porque no tenían buena competencia en inglés. ¿Qué tenían en común esos niños? Desde que tenían uso de razón, habían visto todos sus programas y películas favoritos en versión original. En algunos países no hay otra opción, pues no existe el doblaje como lo conocemos en España. En otros casos, los padres se habían encargado de que sus hijos tuvieran esa exposición al inglés.

He de decir que, dependiendo de las características de cada hogar, esta actuación puede requerir un serio compromiso por parte de la familia, ya que no suele funcionar si la exposición se reduce a una o dos horas semanales. En este aspecto, cuanto más, mejor. En consecuencia, elijamos con criterio qué van a ver nuestros hijos. Ya que pasan tiempo delante de la pantalla, que se lleven ese bonito regalo que es la adquisición de una lengua más. 

Por último, hay que tener en cuenta la gran dificultad que supone no empezar cuando son muy pequeños. Si el niño tiene ya tres años, es probable que rechace la extraña ocurrencia de los papás; dirá que no le gusta, que hablan raro... 

Os animo a que valoréis las opciones que tenéis. Os escribo como padre que alucina cuando su hija de (casi) cuatro años se atasca al expresarse y, tras una pausa, reformula su discurso en inglés. 

¿Estáis a tiempo?


Dedicado a las familias de mis alumnos


IMPLICACION DE LAS FAMILIAS


Todos los docentes que me han llegado a inspirar tienen varias cosas en común, y una de ellas es la humildad. Todas las grandes personas tienen ese rasgo tan importante, y por eso les oímos decir: yo también tengo mucho que aprender, o yo antes estaba equivocado, o llegó un día en que me di cuenta de que tenía que cambiar.

Los que nos dedicamos a la educación, seamos padres o docentes (o ambas cosas), debemos practicar esta habilidad. Digo esto porque, entre otras cosas que he ido rectificando (o que aún tengo pendientes),  yo también dejaba a las familias completamente al margen de mi trabajo, exceptuando las reuniones informativas y poco más.

El pasado verano, con los horarios en la mano, empezaron a venirnos ideas a mis compañeros y a mí. Una de ellas era la de aumentar la frecuencia y la calidad de la comunicación con las familias, que debe ser bidireccional. Desde entonces, nos hemos formado y seguimos aprendiendo, modificando procedimientos, adaptando nuestro trabajo a las necesidades de los alumnos. También cometiendo errores, para dar con soluciones.

Entre todas las actuaciones que hemos incorporado, la más acertada ha sido la implicación de las familias. Como dijimos, con altas expectativas es como se consigue los mejores resultados. Acabamos de empezar con los grupos interactivos, y nuestros voluntarios están haciendo un trabajo excepcional. Las conversaciones que tenemos los maestros con ellos son tan enriquecedoras que, como dijo uno de nuestros alumnos, ojalá tuviéramos sesiones diarias de grupos interactivos. Y lo hacen tan bien porque se implican. 

Todavía se oye eso de que en casa se educa y en la escuela se enseña, como si se pudiera o se debiera separar esas dos acciones o esos dos ámbitos. 

Cuando hablo con los voluntarios que ya han participado en varias sesiones, veo que es tremendamente importante para las familias tener la oportunidad no solo de ser testigo de lo que se hace en la escuela, sino también de ser una parte activa e imprescindible. Los grupos interactivos tienen un potencial inigualable y no se pueden realizar sin un voluntariado mínimamente formado.

Como docente, me entusiasma ver cómo la participación de las familias hace posible este tipo de actividades, que cada vez nos sorprenden más por las posibilidades que ofrecen para el aprendizaje no solo de todos y cada uno de los alumnos, sino también de los maestros y las personas que participan como voluntarios. A más diversidad, mayor riqueza y más posibilidades de aprendizaje (¿quieres leer sobre el tema?).

Acabo esta entrada agradeciendo a todas estas personas, y a las que no tienen posibilidad de participar en horario lectivo pero quisieran hacerlo, su implicación y sus aportaciones, que nos ayudan a mejorar nuestro trabajo y en definitiva el aprendizaje en nuestra comunidad educativa.


Imagen: pixabay


lunes, 1 de febrero de 2016

¿Qué ocurre en las tertulias literarias?

TERTULIAS LITERARIAS

Las tertulias dialógicas son una de las actuaciones educativas de éxito que estamos aplicando en muchos centros; en educación infantil, primaria y secundaria. Has leído bien, es posible y recomendable en todos los niveles y para todas las edades. El tipo más común de tertulia dialógica es la literaria, en la que leemos clásicos de la literatura universal (¿por qué no elegir cualquier libro?).


Crear un espacio y un tiempo para compartir lectura, reflexiones, opiniones, experiencias,  valores... es algo que repercute positivamente en dos aspectos: la convivencia y el aprendizaje. Con el diálogo igualitario como principio fundamental, todos pueden participar en la tertulia. No importa su mayor o menor habilidad, su rendimiento académico, su nivel sociocultural o su procedencia. A mayor diversidad, más potencial tendrá la actividad. Uno compartirá un párrafo porque le parece bonito; otro, porque le recuerda a una experiencia personal y quiere contarla. No hay más límite que el respeto. Se trata de una actividad con un potencial sorprendente. 

Con una mínima formación específica sobre aprendizaje dialógico y conociendo exactamente cómo se debe organizar una tertulia literaria, cualquier docente puede incorporar esta actuación educativa de éxito en su programación semanal. No requiere permisos especiales de ningún tipo, puesto que la legislación educativa hace especial hincapié en el diálogo, la lectura, la expresión oral, la literatura y todos los aspectos que trabajamos y mejoramos al hacer tertulias. 

Solo hace falta un libro por alumno. No se necesita personal extra. Basta con sentarse en círculo para crear ese espacio de diálogo y ese momento especial en el que todos nos vemos las caras y compartimos cultura, opinión y mil cosas más para construir conocimiento entre todos. 

Me decidí a comenzar con las tertulias literarias al oir las historias de otros docentes, tanto de infantil como de primaria y secundaria. Además, antes de empezar con mis alumnos tuve la suerte de participar en una tertulia en un colegio que lleva años funcionando como comunidad de aprendizaje. Aquella visita nos cambió para siempre como maestros a mi compañero y a mí. Ahora, lo que debemos hacer es animar a otros para que se formen. Compartir el conocimiento nunca había sido tan fácil ni tan necesario como ahora. Precisamente porque es posible, el cambio se vuelve necesario.

¿Qué ocurre en las tertulias literarias? 

"Cuando hacemos tertulias literarias, ocurren cosas", nos dijo una maestra una vez. Otro día, otro maestro repetía las mismas palabras. Y es verdad, ocurren cosas. 

Como el día que estuvimos una hora dialogando sobre el maltrato animal. Como el día que entre todos llegamos a la conclusión de que los castigos físicos no son nunca aceptables. O cuando un compañero nos contó que en otros países comen insectos y que las proteínas que les aportan son de mejor calidad que las de la carne de las cadenas de comida rápida. O las veces que nos hemos reído imaginando las escenas absurdas del Quijote. O la cantidad de palabras y expresiones que aprendemos en cada sesión. 

Como el día que una alumna mía se atrevió por primera vez a leer en público por iniciativa propia, para compartir un párrafo que le había gustado del Quijote. Y te aseguro que se le dio fatal. Pero la clase la felicitó y la escuchó. Lo importante es que desde ese momento ya no le da vergüenza equivocarse, porque se siente respetada y sabe que del error se aprende.

No solo me siento orgulloso de que mis alumnos de 10 años estén disfrutando una obra adaptada para secundaria. Como dijo otra de mis alumnas, y no podría estar más de acuerdo, "me gustan las tertulias porque yo pensaba que solo íbamos a hablar del Quijote, no que íbamos a aprender cosas de la vida real".